descarga (4)Quien haya escuchado música sagrada no puede resistirse a su dulzura y su potencia.”Daniel Alexander Payne

A finales del siglo XIX, el mundo religioso afroamericano estaba a punto de sufrir una gran conmoción. Por el sur del país se extendió un gran número de confesiones que no tardaron en abrir sus propias iglesias para atraer a la población negra. Muchos de sus fieles mantuvieron sus creencias y su liturgia al emigrar a las ciudades del norte, mucho más industrializado.

Muchas de esas <iglesias> se consideraban pentecostales – es decir, bendecidas por el Espíritu Santo y, por lo tanto, autónomas – y se caracterizan por dar un gran valor a las expresiones fideístas, de ahí que sus liturgias, muchas veces adaptadas de los usos baptistas o metodistas, incluyan sermones pronunciados como si de arengas se tratase, antífonas, danzas, así como el unos de ciertos instrumentos musicales. La implicación de los fieles llega a veces a extremos casi estáticos, incluso algunos miembros entran en estados próximos al trance. Quizá la congregación más influyente se la Church of god in Christ, de C.H. Mason, nacida en Mississippi, aunque muy extendida en los guetos urbanos del norte del país. A pesar de la rotundidad con la que los participantes afirman su fe, estas celebraciones pretenden difundir un mensaje de alegría y esperanza.

A principios del siglo XX, la música negra tenía una gran presencia en la vida estadounidense. Los minstrels crearon las condiciones necesarias para que apareciese el ragtime, el blues y el jazz estaban al caer, y muchos de los músicos de la época , como Scott Joplin o W.C. Handy, dieron sus primeros pasos en el coro de la iglesia. A todo ello cabe sumar las primeras grabaciones. En 1921, poco después de que Mamie Smith demostrase que existía un mercado para el público negro, un grupo de Virginia llamado The Norfolk Jazz & jubilee Quartet entró en un estudio neoyorquino. Comenzaron con blues, canciones populares y algunas composiciones religiosas, que no tardaron en convertir en la parte fundamental de su repertorio. A finales de los años veinte, algunos grupos como The Golden Leaf quartet, The Pace Jubilee Singers y The Birmingham Jubilee Quartet solían aparecer en los catálogos de los race labels, orientados a una audiencia afroamericana. Aunque cantaban a cappella, sus piezas se caracterizan por el uso de intricadas armonías a cuatro veces, en las que abundaban las pausas y silencios o la preeminencia de las tesituras graves para conferirles un mayor dramatismo.

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