Llegan los virtuosos

e3ca1a6094530d2f64dd41f9f98db1bf.jpg“Las big bands necesitan individualidades… todos crecimos con el jazz, teníamos fuertes lazos con nuestra música y cada uno la desarrolló a su modo, convirtiéndonos a cada uno en un solista diferente. No éramos solamente un acompañante más.” Bud Freeman

El jazz entró en los años treinta como un desvencijado Ford A de dos cilindros y acabó dejando tras de sí un brillante halo mágico. Tres factores clave determinaron esta espectacular transformación: un esforzado compromiso con el virtuosismo, el poder de reconocimiento de las masas y un espíritu consciente de modernización.

La evolución del jazz en los años treinta se puede explicar como un progreso del virtuosismo instrumental. En la década anterior, los intérpretes de jazz se dieron cuenta de las posibilidades que la técnica ofrecía a la música. Louis Armstrong (1901-1971) sabía cómo las notas agudas escritas con esmero, creciendo con una lógica emocional calculada, podían brindar un tinte dramático a un simple blues. En los años treinta el instinto se inspiraba en la habilidad, lo que abrió nuevos horizontes. Armstrong abandonó el blues para medirse con el más desafiante mundo de la música popular.

youngsatchmo.jpgLos mejores interpretes jóvenes , temerosos antes por la habilidad de Armstrong, la dominaron rápidamente y la extendieron. Con  la gama que ofrecían las notas altas, las notas rápidas y fluidas persiguiendo ideas aún más atrevidas se convirtieron en algo habitual.

En los años treinta los grupos de semicorcheas legato sustituyeron a las corcheas staccato como centro del fraseo jazzístico. Roy Eldridge (1911-1989) y Harry James (1916-1983) mostraron que se podía conseguir una voz original y moderna siguiendo el modelo de Armstrong y llevándolo a nuevas fronteras. Eldridge y Charlie Shavers ofrecían una fría y refrescante precisión en su interpretación que se convirtió en el referente del virtuosismo en los cuarenta, formando un fundamento técnico sin el cual las complejidades del bebop jamás se hubiesen podido alcanzar.

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Al piano, Art Tatum (1909-1956) tenía un nivel técnico tan colosal que hubo de trascurrir una generación antes de que cualquiera pudiese alcanzarlo; Teddy Wilson ofrecía una vía alternativa más práctica para muchos. Tatum y Wilson realizaron sus primeras grabaciones en 1933, y ambos hicieron de la mano derecha del foco principal de su estilo, tocando frases formadas por notas sueltas que complementaban el fluir rítmico del swing. Pero el virtuosismo más gentil y simétrico de Wilson lo hacia más accesible y , por tanto , más influyente.

 

 

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