El amor y el espíritu supremo de John Coltrane

John Coltrane 21.jpgTras una larga lucha con el alcohol y la heroína la conducta errática de Coltrane durante los cincuenta provocó incluso que Miles Davis llegase a despedirlo de su banda, el saxofonista tuvo una experiencia espiritual en 1957. O como él la llamó, un «despertar espiritual», del que resulta difícil conocer detalles concretos pero que sabemos marcó un definitivo punto de inflexión en su existencia. A raíz de esa experiencia mística, Coltrane dejó el alcohol y la heroína. Comenzó, según sus propias palabras, una vida «mejor y más productiva». Se convirtió en creyente, aunque no seguía exactamente los dictados de ningún dogma concreto («creo en todas las religiones») y profesaba un cristianismo adlibitum que tomaba influencias de otras muchas creencias no cristianas. Desde aquel 1957 de su conversión, Coltrane se dedicó a leer y coleccionar una gran cantidad de libros sobre religión y espiritualidad de diversas partes del mundo, en el intento de elaborar un sistema de creencias propio que se ajustase a su personalidad. Es exactamente el mismo proceso de investigación y estudio sobre músicas del mundo que, paralelamente, estaba llevando a cabo en su ámbito profesional.

Para Coltrane, el año 1964 había sido un período de trabajo imparable. Su agencia, Shaw Artists, le había hecho cruzar el país de punta a punta en una furgoneta junto con su cuarteto durante la mayor parte del verano. Filadelfia, Chicago, Nueva York, San Francisco. De vuelta a Nueva York. Necesitaba unas pocas semanas de descanso, y tenía la excusa perfecta. El 26 de agosto había nacido su primer hijo. John y Alice llevaron a John Jr. a la casa de dos pisos que acababan de comprar en Dix Hills, un barrio tranquilo de Long Island, Nueva York. Para Coltrane era una extraña oportunidad de dejar descansando en el suelo su saxofón, tumbarse con los pies en alto y estar con su familia.

Pero la naturaleza obsesiva de Coltrane no le dejó descansar. Se pasó cinco días recluido en el piso de arriba con un bolígrafo, papel y su saxofón. «Era a finales de verano, o a principios de otoño, porque esos días hacía buen tiempo en Nueva York», recuerda Alice. «En el piso de arriba había una zona que no ocupábamos y a la que casi nunca íbamos, a veces un pariente venía de visita [y] allí era donde lo alojábamos. John solía subir, se llevaba algo de comida de vez en cuando, y se pasaba las horas meditando sobre la música que oía en su interior.»

Alice estaba ocupada con John y Michelle, su hija de cuatro años fruto de su primer matrimonio. Cuando finalmente volvió a bajar, Alice se dio cuenta de que Coltrane, normalmente sumido en sus pensamientos, estaba extrañamente sereno.

Era como Moisés bajando de la montaña, fue tan bonito. Bajó y tenía esa alegría, esa paz en el rostro, tranquilidad. De manera que le dije: «Explícamelo todo, no te hemos visto en cuatro o cinco días…». Él dijo: «Ésta es la primera vez que me ha llegado toda la música que quiero grabar, en una suite. Ésta es la primera vez que lo tengo todo, todo listo».

Tres meses después, Coltrane entró en el estudio de grabación para dar forma a sus meditaciones en un álbum en el que se combinaba música y significado, un álbum que no se parecía en nada a lo que había hecho hasta aquel momento. A Love Supreme era el título que ya había escogido para ese ambicioso proyecto.

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A Love Supreme es la suite de jazz en cuatro partes que John Coltrane grabó en el curso de una noche con el pianista McCoy Tyner, el bajista Jimmy Garrison y el baterista Elvin Jones. Sorprendió a Coltrane en un punto culminante de su trayectoria creativa: la cristalización de los últimos tres años como parte de aquel famoso cuarteto, antes de virar hacia la fase final y más discutida de su carrera.

La grabación fue una curiosa combinación de planificación previa e inventiva improvisada. Por un lado los solos de piano, de contrabajo o de batería eran improvisados. Pero por otro, una de las pocas indicaciones explícitas que recibieron los músicos de Coltrane a la hora de improvisar fue que respetasen la estructura interna de cada uno de los cuatro movimientos, una estructura ya determinada por él de antemano. Coltrane empezó a hacer cosas con su saxofón que no había hecho antes, pero sus músicos se dieron cuenta de que en realidad el famoso improvisador nato no estaba improvisando. Durante sus propios solos, Coltrane utilizaba elementos musicales muy concretos en momentos muy determinados, y no en otros, y lo hacía de acuerdo a unos patrones muy evidentes e inusuales en su estilo. Sus solos seguían una estructura que determinaba, o se dejaba determinar, por la estructura concreta de cada movimiento.